martes, 21 de marzo de 2017

ORACIÓN POR EL AÑO VOCACIONAL DE LA PRELATURA DE CAFAYATE


Padre Bondadoso que por acción del Espíritu Santo inspiras muchísimas formas de seguir a Jesús, te pedimos descubrir cada una de nuestras vidas como un llamado de tu parte; que interpretemos nuestras capacidades como dones tuyos para servir en nuestras comunidades y que lo hagamos con humildad, servicialidad y gratuidad.
María Santísima, Madre del Rosario, Madre de la Iglesia, intercede para que en todas nuestras parroquia se despierten las vocaciones sacerdotales, consagradas, laicales y matrimoniales. Que, como tus hijos, siempre encontremos en ti la fortaleza y perseverancia para donarnos. Amén

domingo, 19 de marzo de 2017

Inauguramos el año vocacional 2017

La vocación al amor asume para cada uno una forma concreta en al vida cotidiana a través de una serie de opciones que articulan estado de vida (matrimonio, ministerio ordenado, vida consagrada, etc.) profesión, modalidad de compromiso social y político, estilo de vida, gestión del tiempo y del dinero, etc. Asumidas o parecidas, conscientes o inconscientes, se trata de elecciones de las que nadie  puede eximirse. El propósito del discernimiento vocacional es el descubrir cómo transformarlas, a la luz de la fe, en pasos hacia la plenitud de la alegría a la que todos estamos llamado
(Doc.  preparatorio de la XV Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos, introducción.)
 Este año, en nuestra prelatura nos centramos en la vocación del cristiano.
 Te invitamos a participar activamente en el. Todos somos llamados a servir.

 

jueves, 16 de marzo de 2017

San José Gabriel del Rosario Brochero

Hoy 16 de marzo celebramos por primera vez la fiesta litúrgica de San José Gabriel del Rosario Brochero, patrono del clero argentino.

Oración

Señor y Dios nuestro, de quien procede todo don perfecto: tú esclareciste a San José Gabriel del Rosario, presbítero, por su celo misionero, su predicación evangélica y su vida pobre y entregada; concede que siguiendo su ejemplo y con su intercesión, pastores y pueblo a ellos confiado, sean siempre tus fieles discípulos misioneros del Evangelio.  Te rogamos , San José del Rosario Brochero intercedas junto a María Santísima especialmente por nuestro Obispo José Demetrio y nuestros sacerdotes: Walther, Roberto, José, Flavio, Julio, Juan, Antonio, Pablo, Gerardo, Claudio y todos los que trabajaron incansablmente y dejando el corazón y la vida  en nuestras Prelatura de cafayate,  te lo pedimos por nuestro  Señor Jesucristo tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo, por los siglos de los siglos.
                                                        
Amén.

jueves, 9 de febrero de 2017

FIESTA DE LA VIRGEN DE LA CANDELARIA

Santa María, 2 de febrero de 2017 
Malaquías 3, 1-4; Salmo 23; Hebreos 2, 14-18; Lucas 2, 22-32 

Dos viejitos en el templo, Simeón y Ana. Es la escena que nos presenta el Evangelio. Acudían todos los días, casi se pasaban la vida ahí. Hace años que esperaban… Llegó el tiempo. De entre la gente que transitaba en ese momento por el templo, solamente ellos se dieron cuenta… 

SIMEÓN era un varón «justo y piadoso», que «esperaba el consuelo de Israel»… 

«Justo» es quien hace justicia. La JUSTICIA es en su raíz reconocimiento de lo que se es y agradecimiento a quien nos ha concedido ser lo que somos. ¡Somos HIJOS de Dios!, su IMAGEN: lo que somos por gracia de Dios lo somos. Quien se reconoce así confía en el que le ha dado la vida y adhiere su persona a esta Buena Noticia. Por eso mide su actuar desde la bondad amorosa de Dios. El justo vive porque «Dios es fiel» (Habacuc 2, 1-4), no nos abandona, le interesamos, NOS AMA, quiere que lo amemos, ama que lo queramos... 

Dios, además, nos tiene «piedad» (Isaías 30, 18), SE ACUERDA de nosotros, nos favorece, nos tiene en cuenta, se comunica. A nosotros, que somos su imagen, nos corresponde ser un poquito como Él, ASEMEJARNOS lo más posible... 

Simeón «esperaba el consuelo de Israel». La ESPERANZA se fundamenta en la memoria de todo lo que Dios ha hecho por nosotros (Romanos 5, 1-2). Nos hace formar parte de su pueblo, nos ofrece su casa, no nos deja en la intemperie. Y es también nuestro CONSUELO en la aflicción (Salmo 119, 50). 

Simeón ha entendido esto. Precisamente su nombre significa «el que sabe escuchar». 

ANA era «profetisa». Profeta es quien proclama –dice en voz alta- lo que Dios le manifiesta. Ana es mensajera, enviada, misionera, APÓSTOL. Su nombre significa «compadecida», aquella de quien Dios se ha acordado y ha tenido en cuenta. 

De Simeón -el varón justo y piadoso- y Ana – la profetisa- se pueden decir las palabras del profeta Malaquías: preparan el CAMINO de quien entra en el templo para proclamar «el día del Señor». DÍA que se anuncia como «fuego del fundidor», «lejía de los lavanderos». Él «se sentará para FUNDIR Y PURIFICAR», como se depura el oro, como se limpia la plata. Y los purificados «serán para el Señor los que presentan la ofrenda conforme a la justicia». 

Simeón y Ana, dos viejitos SABIOS, verdaderamente «ANCIANOS»: quienes van «delante» porque son de «antes», quienes no se quedan atrás, en el pasado, sino que miran el presente con confianza, el futuro con esperanza. 

Justos, piadosos, profetas que RECONOCIERON a María y José acercándose al templo con Jesús. De entre la gente que transitaba en ese momento por el templo, solamente ellos se dieron cuenta… María y José, que solamente podían hacer la OFRENDA DE LOS POBRES: «un par de tórtolas o de pichones de paloma». No tenían para un cordero ni una ofrenda más ostentosa. Lo que importaba era la vida que ofrecían: JESÚS. 

¿QUÉ significa para mí hoy, ahora y aquí, la contemplación de esta escena? Dos ancianos, un varón con su esposa que acuden a presentar a su primogénito al Señor en el templo de Jerusalén para cumplir la Ley. Ellos lo hicieron para dar GRACIAS a Dios POR LA VIDA, vencedora de la muerte que rondaba el parto, que no pudo ni con la mujer ni con el niño, y que ha de ser desterrada de la vida. Por eso es «fiesta de la purificación». 

En mí QUÉ pueden más, ¿las obras que traen vida o las obras que traen muerte? ¿DE qué tendré que ser purificado? ¿Tendremos que serlo nosotros, personal y comunitariamente? 

La escena de Simeón y Ana muestra que este MESÍAS humilde y sencillo, presentado modestamente en el templo cuarenta días después de haber nacido, no quiere entre sus seguidores a cualquiera. 

- Las personas INDIFERENTES ante la suerte de los demás, engreídas, soberbias, chismosas, falsas, dañinas, mentirosas… no sirven para su Reino. 
- Él «no vino para socorrer a los ángeles, sino a los descendientes de Abraham… a hacerse SEMEJANTE en todo a sus hermanos…», dice la Carta a los Hebreos. 
- Él quiere gente que se IMPLIQUE en hacer progresar la vida, en disipar con su luz las oscuridades de la muerte. 

Para ello es necesario APRENDER A ESPERAR, como Ana y Simeón. Pacientes, ¡toda una vida sin perder la esperanza!, sin dejarse embarrar la existencia por el desánimo, sin fijarse demasiado en los malos, reconociendo a los buenos, manteniendo la gracia de la generosidad, sin intereses egoístas. 

¿SEREMOS nosotros del grupo que, como Ana y Simeón, espera en el Señor? ¿CAPACES de reconocerlo como se presenta, sencillo, hijo de una familia humilde? ¿O esperaremos otro mesías que Jesús? ¿Lo reconoceremos en los «PEQUEÑOS» hermanos suyos con quienes se identifica? ¿Nos preocuparemos por ellos? ¿Nos interesan? 

En este tiempo de fiesta y vacaciones, ¿SABEMOS de quienes no tienen ni fiesta ni vacación? ¿Qué pasa con nuestros ENFERMOS, que tienen que irse lejos para atender la precariedad de su salud? ¿Podremos tener entre nosotros la inversión debida y la ATENCIÓN correspondiente? ¿O nos interesarán más otras cosas? ¿Nos PREOCUPARÁ  más una llamativa cartelera de festival que los recursos destinados para la sanidad, la educación, la vivienda, el cuidado de nuestros ancianos, el agua para beber y regar, el cultivo de nuestros campos, la forestación de nuestros desmontes, el cuidado de la tierra? 

¿Tendrán más CABIDA entre nosotros el negocio de la diversión que la salud pública, los anticonceptivos que la educación sexual, el presevativo que el tratamiento adecuado de las enfermedades? 

¿Y nuestros ancianos? ¿Les atendemos como corresponde? ¿Les escuchamos? ¿Les acompañamos? Porque ellos son «nuestros» y nosotros somos «suyos»… ¿

Y nuestros niños? ¿Somos los grandes verdaderamente «adultos», es decir, crecidos en años y madurez, en entendimiento y discernimiento, para que no eludamos nuestra responsabilidad en su educación? Porque ellos son «nuestros» y nosotros somos «suyos»… 

¿Y nuestros adolescentes? ¿Les estaremos cercanos para que podamos echarles una mano? Porque ellos son «nuestros» y nosotros somos «suyos»… 

¿Y nuestros jóvenes? ¿Y las consumiciones en los bailes? ¿Y el contenido de los tragos? ¿Y las pastillas? ¿Y la marihuana? ¿Y la cocaína? Porque ellos son «nuestros» y nosotros somos «suyos»… 

¿Estaremos como IGLESIA a la escucha del Señor y le pediremos su luz para entender la Buena Noticia, comprender nuestro mundo, querer a las personas? NOSOTROS, quienes estamos de este lado del altar, Y las autoridades que ocupan las primeras sillas en esta celebración, Y los papás y las mamás, Y las personas que se dedican a la docencia, Y las fuerzas de seguridad del Estado (locales, provinciales, nacionales), Y las amas de casa, Y los trabajadores, Y los empresarios, Y los desempleados… Porque nosotros somos «suyos» y ellos son «nuestros»… 

¿Y ustedes, adolescentes y jóvenes, a quienes con frecuencia se les QUEMA la vida por la frenética velocidad de «ir a no se sabe dónde ni para qué», gente buena, con valores hermosos, con posibilidades inmensas… a quienes intereses ajenos e insensateces propias ponen en RIESGO de echar a perder lo mejor de cada uno? Porque hay gente que les quiere, que se alegran de sus éxitos, que les acompañan en sus fracasos, que les duelen sus extravíos, para quienes el mundo no sería igual si ustedes no estuvieran… Porque ellos son «de ustedes» y ustedes son «de ellos»… 

En nuestra Iglesia de la Prelatura proponemos para este 2017 un AÑO VOCACIONAL. Un tiempo pastoral dedicado a orar, reflexionar y discernir el LLAMADO que Dios nos hace a su seguimiento (somos «discípulos» de Jesús) y la misión que nos encomienda (somos sus «apóstoles») como ministerio («servicio») en su Iglesia. 

Proponemos PROMOVER una «cultura vocacional» al estilo de Jesús de Nazaret. Por cultura vocacional entendemos el propósito de CULTIVAR entre nosotros un ambiente de fe que proponga: 

- Que estamos en el mundo por voluntad de Dios y vivimos por PROVIDENCIA suya, no por accidente ni por casualidad, no por azar ni abandonados a la arbitrariedad. La vida es SAGRADA, no se debe desperdiciar ni manipular… 
- Que Dios nos ha otorgado una serie de dones para el enriquecimiento de la COMUNIDAD («carismas») y que hemos de encarnar en servicios concretos («ministerios»). 
- Que estamos llamados a cultivar nuestra fe desde VALORES como el servicio, la humildad, la gratuidad. 

Simeón y Ana, dos ancianos «sabios», que DEGUSTARON en la vida el mejor de los sabores: reconocer sencillamente al Mesías humilde. Justos, piadosos, profetas que supieron ver a María y José acercándose al templo con Jesús. Y que solamente podían hacer la OFRENDA DE LOS POBRES: «un par de tórtolas o de pichones de paloma». No tenían para un cordero ni una ofrenda más ostentosa. Pero lo que importaba era la vida que se ofrecía: JESÚS. 

UN DETALLE INTERESANTE: Jesús viene al templo… El templo solamente cumple su función si en él está Jesús. Nuestra Iglesia solamente es fiel a Evangelio si en ella está Jesús, si tiene más cabida su BUENA NOTICIA que nuestras malas intenciones, su GENEROSIDAD que nuestras mezquindades, su BONDAD que nuestras maldades, su JUSTICIA que nuestros rencores, su HUMILDAD que nuestras soberbias, su SENCILLEZ que nuestras arrogancias, su POBREZA que nuestras riquezas, su AMOR que nuestros egoísmos… 

¿Qué le OFRECEREMOS nosotros al Mesías que habita en el templo de nuestros corazones y en este templo santamariano dedicado a su Madre, Virgen de la Candelaria? ¿Nuestras cosas o nuestro CORAZÓN? Porque si algo parece claro es que a Dios no se lo compra. Por eso tampoco se ha de comprar ni vender la dignidad de ninguno de sus hijos. 

Este año 2017 será, además, año electoral. Hagamos que la POLÍTICA cumpla entre nosotros su misión: articular las diferencias según un proyecto común. ¡Dignifiquemos su nombre! Hermanos SANTAMARIANOS Y VALLISTOS, de Yokavil y Calchaquí, habitantes de este hermoso «valle fértil», ciudadanos de una sociedad con raíces ancestrales, curtidos por generaciones en el trabajo y la generosidad, en el respeto de las tradiciones, en el cuidado de la vida, en la siembra de esta cultura: 

- Que no nos separen los sectarismos partidistas, formemos COMUNIDAD, seamos pueblo, hagamos campaña por el bien, la verdad, la justicia, la honestidad, el amor… 
- Que nadie manipule la vida de nadie, que no se compre ni se venda la dignidad, que se RESPETE la condición de los más pequeños, que en verdad sea Dios nuestra riqueza y las personas el más grandioso PATRIMONIO de nuestro pueblo… 

Dos viejitos en el templo, SIMEÓN Y ANA. Es la escena que nos presenta el Evangelio. De entre la gente que transitaba en ese momento por el templo, solamente ellos se dieron cuenta. ¿Lo RECONOCERÉ yo? ¿Y usted? ¿Y nosotros? 

Que la luz de la CANDELA de nuestra Madre –hermosa y morena- nos ilumine: 

- Que no cerremos los ojos; 
- Que podamos ver claro el horizonte, con esperanza, con justicia, con piedad. Amén. 

P. José Demetrio Jiménez, OSA Obispo Prelado – Prelatura de Cafayate

martes, 17 de enero de 2017

Carta del Papa a los jóvenes con ocasión de la presentación del Documento Preparatorio de la XV Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos


Queridos jóvenes,

Tengo el agrado de anunciarles que en el mes de octubre del 2018 se celebrará el Sínodo de los Obispos sobre el tema «Los jóvenes, la fe y el discernimiento vocacional». He querido que ustedes ocupen el centro de la atención porque los llevo en el corazón. Precisamente hoy se presenta el Documento Preparatorio, que les ofrezco como una "guía” para este camino.

Me vienen a la memoria las palabras que Dios dirigió a Abrahán: «Vete de tu tierra, de tu patria y de la casa de tu padre a la tierra que yo te mostraré» (Gen 12,1). Estas palabras están dirigidas hoy también a ustedes: son las palabras de un Padre que los invita a "salir” para lanzarse hacia un futuro no conocido pero prometedor de seguras realizaciones, a cuyo encuentro Él mismo los acompaña. Los invito a escuchar la voz de Dios que resuena en el corazón de cada uno a través del soplo vital del Espíritu Santo.

Cuando Dios le dice a Abrahán «Vete», ¿qué quería decirle? Ciertamente no le pedía huir los suyos o del mundo. Su invitación fue una fuerte provocación para que dejase todo y se encaminase hacia una tierra nueva. Dicha tierra, ¿no es acaso para ustedes aquella sociedad más justa y fraterna que desean profundamente y que quieren construir hasta las periferias del mundo?

Sin embargo, hoy, la expresión «Vete» asume un significado diverso: el de la prevaricación, de la injusticia y de la guerra. Muchos jóvenes entre ustedes están sometidos al chantaje de la violencia y se ven obligados a huir de la tierra natal. El grito de ellos sube a Dios, como el de Israel esclavo de la opresión del Faraón (cfr. Es 2, 23).

Deseo también recordarles las palabras que Jesús dijo un día a los discípulos que le preguntaban: «Rabbí [...] ¿dónde vives?». Él les respondió: «Venid y lo veréis» (Jn 1,38). También a ustedes Jesús dirige su mirada y los invita a ir hacia Él. ¿Han encontrado esta mirada, queridos jóvenes? ¿Han escuchado esta voz? ¿Han sentido este impulso a ponerse en camino? Estoy seguro que, si bien el ruido y el aturdimiento parecen reinar en el mundo, esta llamada continua a resonar en el corazón da cada uno para abrirlo a la alegría plena. Esto será posible en la medida en que, a través del acompañamiento de guías expertos, sabrán emprender un itinerario de discernimiento para descubrir el proyecto de Dios en la propia vida. Incluso cuando el camino se encuentre marcado por la precariedad y la caída, Dios, que es rico en misericordia, tenderá su mano para levantarlos.

En Cracovia, durante la apertura de la última Jornada Mundial de la Juventud, les pregunté varias veces: «Las cosas, ¿se pueden cambiar?». Y ustedes exclamaron juntos a gran voz «¡sí»”. Esa es una respuesta que nace de un corazón joven que no soporta la injusticia y no puede doblegarse a la cultura del descarte, ni ceder ante la globalización de la indiferencia. ¡Escuchen ese grito que viene de lo más íntimo! También cuando adviertan, como el profeta Jeremías, la inexperiencia propia de la joven edad, Dios los estimula a ir donde Él los envía: «No les tengas miedo, que contigo estoy para salvarte» (Jer 1,8).

Un mundo mejor se construye también gracias a ustedes, que siempre desean cambiar y ser generosos. No tengan miedo de escuchar al Espíritu que les sugiere opciones audaces, no pierdan tiempo cuando la conciencia les pida arriesgar para seguir al Maestro. También la Iglesia desea ponerse a la escucha de la voz, de la sensibilidad, de la fe de cada uno; así como también de las dudas y las críticas. Hagan sentir a todos el grito de ustedes, déjenlo resonar en las comunidades y háganlo llegar a los pastores. San Benito recomendaba a los abades consultar también a los jóvenes antes de cada decisión importante, porque «muchas veces el Señor revela al más joven lo que es mejor» (Regla de San Benito III, 3).

Así, también a través del camino de este Sínodo, yo y mis hermanos Obispos queremos contribuir cada vez más a vuestro gozo (cfr. 2 Cor 1,24). Los proteja María de Nazaret, una joven como ustedes a quien Dios ha dirigido su mirada amorosa, para que los tome de la mano y los guíe a la alegría de un ¡heme aquí! pleno y generoso (cfr. Lc 1,38).

Con paternal afecto,

FRANCISCO

Vaticano, 13 de enero de 2017
Fuente:
http://www.romereports.com/2017/01/14/carta-del-papa-francisco-a-los-jovenes
documento preoparatorio - Los jovenes la fe y el discernimiento vocacional 

domingo, 25 de diciembre de 2016

NAVIDAD

Navidad es Jesús

Y la Palabra se hizo carne y habitó entre nosotros. Y nosotros hemos visto su gloria, la gloria que recibe del Padre como Hijo único, lleno de gracia y de verdad.» (Jn 1, 14).

«A diferencia de la palabra humana, que no es más que un sonido o un garabato escrito, la Palabra de Dios es el mismo Dios, revelado, manifestado y puesto a nuestro alcance en este niño que nace en Belén. Porque la Palabra de Dios se ha hecho carne. Jesucristo no es un fantasma o una ficción retórica, sino un hombre de verdad, de carne y hueso. No es un mito de la religión, no es una leyenda piadosa, sino realidad tremenda, desafiante y provocadora para la fe. Si creemos así, creeremos que el nacimiento de Jesús es la epifanía de Dios. En Jesús y por Jesús Dios sale al encuentro del hombre. En Jesús y por Jesús Dios no es un ser abstracto y lejano, sino que es Dios con nosotros, en medio de nuestro mundo, inserto en nuestra historia, que ya no podemos distorsionar». (Eucaristía 1986, 61)

Muchos celebran el nacimiento de Jesús en la condición humana, pero muchos celebran una fecha a nivel global y aprovechan para pasarla súper bien; otros la pasan re mal en este día (guerra, violencia, alcohol, droga y “todo es válido”); otros no quieren saber nada de este día porque les trae unos recuerdos malísimos; otros simplemente indiferentes a estas fechas, siguen su rutina y responsabilidades. El desafío, ya nos lo dijo el Salvador, es ser sal y levadura de nuestra sociedad. Seremos muy pocos, pero contamos con la luz de la fe y la Palabra en nuestras vidas. A confiar más en la intervención de Dios que en nuestras fuerzas y capacidades; a buscar el Reino de Dios y su Justicia y lo demás se nos dará por añadidura; a no mirar para atrás; a poner el corazón en Dios y no en los tesoros de este mundo; a poner el vino nuevo en odres nuevos; en fin, a recibir la Palabra que vino a nosotros y nos dio el poder de llegar a ser hijos de Dios.

Que la Navidad siga siendo Jesús y que nuestras fiestas sean una oportunidad para afianzarnos más en la condición de hijos de Dios en el Hijo, Jesucristo. ¡¡¡Buen domingo!!!

 Pbro. José Casimiro
Parroquia Nstra. Del Rosario
Colalao del Valle


lunes, 19 de diciembre de 2016

Cuarto Domingo de Adviento

No somos imprescindibles pero sí importantes


 «José, hijo de David, no temas aceptar a María, tu mujer, porque lo engendrado en ella proviene del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo, y tú le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de sus pecados» (Mt 1, 20-21).

«Al lado de la Virgen está José, su esposo. Un joven humilde, trabajador de pueblo, que nos da un ejemplo de actitud abierta hacia Dios y sus planes. Él no entiende del todo el papel que Dios le asigna en la venida del Mesías. El evangelio nos ha contado sus dudas: no porque sospeche nada de María, o porque ignore lo que en ella ha pasado. Precisamente porque José ya conoce el misterio sucedido y sabe que el hijo que va a tener María es obra de Dios, por eso, en su humildad, no quiere usurpar para sí una paternidad que ya sabe que es del Espíritu y se quiere retirar: no comprende que él pueda caber en los planes de Dios. Es el ángel el que le asegura que sí cabe: va a ser esposo de María y por eso va a hacer que el Mesías venga según la dinastía de David. José acepta los planes de Dios. Junto con María, también José es un modelo para todos nosotros, abierto a la Palabra de Dios, obediente desde su vida de cada día a la misión que Dios le ha confiado». (J. ALDAZABAL)

Siempre me da la vuelta por la cabeza lo siguiente: “para Dios, nadie es imprescindible, pero para Él, todos somos importantes”. Es decir que Dios continuará su plan de Salvación a pesar de nuestros no tan frecuentes y de nuestras rebeldías tan fáciles; por el contrario, Él nunca se cansará de buscarnos y de ofrecernos la salvación. Ninguno de nosotros puede sentirse un excluido o marginado de Dios; Él no nos abandona ni nos hace de menos; en todo caso, si discernimos bien, somos nosotros los que caemos ante estas exclusiones y marginaciones. Por tanto, tratemos de descentrarnos, sacarnos de “yo y sólo yo”; esta es una vieja y renovada tentación: considerarnos irremplazables e insustituibles. No se trata de abandonar puestos, responsabilidades y encomiendas así como así, sino de superar nuestra estrechez y autoreferencialidad.

Sepamos abrirnos a los planes y caminos de Dios. No desesperemos si hoy nos sentimos como José un poco confundidos y solos; cultivemos la docilidad y la humildad de San José para que en su momento, veamos con más claridad y podamos caminar con mayor firmeza ¡¡¡Buen domingo!!!
 Pbro. José Casimiro
Párroco de N.S. del Rosario
Colalao del Valle


lunes, 12 de diciembre de 2016

Tercer Domingo de adviento



El Dios que esperamos y el Dios en el que creemos

                          «¿Eres tú el que ha de venir o debemos esperar a otro?». (Mt 11, 3).

«Juan está perplejo. Es extraño. Cuando estaba en el desierto, había logrado ver con claridad. En la prisión parece que ya no lo comprende. "¿Eres tú el que ha de venir o tenemos que esperar a otro?". Es verdad que él nunca había tenido pretensiones. Sabía cuál era su papel. No tenía intención alguna de permanecer en escena ocupando un puesto que no era el suyo. El protagonista era otro. Podríamos decir: el Bautista ha acertado acerca del tiempo, pero se ha equivocado respecto al modo. Ha sabido indicar exactamente al esperado, pero no ha dado en el punto justo del estilo de su acción». (ALESSANDRO PRONZATO)

¿Cuál será la imagen que nos hemos hecho de Dios? ¿Cuál es el Dios que estamos esperando y preparándonos para recibir? ¿Cuál es el Dios en el que creemos? Son preguntas que me surgen de esta experiencia que habría tenido Juan el Bautista. No es fácil responder, es mejor dejarnos interpelar y que el Espíritu Santo nos ayude a responder. En el Credo está la síntesis del Dios en el que creemos y esperamos, pero cuidado, porque muchas veces sólo lo profesamos con la boca. Esto aunque parezca provocativo o jocoso es así; e incluso puede estar pasando en mi vida o en tu vida.

Jesús se acerca a la humanidad para ofrecer el verdadero camino hacia la felicidad. Y predica la Buena Noticia de que Dios nos ama. Jesús es el rostro visible y los gestos cercanos de la ternura del Padre misericordioso. Pero, este Dios de amor y de ternura también puede defraudar a aquellas personas que se han hecho un Dios a su imagen y semejanza. Un Dios del miedo y del castigo. Un Dios que tiene que escuchar y sacarnos de los apuros. Un Dios que tiene que “premiar” nuestras buenas obras. Un Dios que destruye a “mis” enemigos. Un Dios milagrero. Un Dios que se contenta con que sus devotos cumplan ciertas normas y leyes. Un Dios que me tiene que dar el cielo, gracias a “mis” méritos...

El Dios que espero y el Dios en el que creo… espero y creo en tu misericordia, Señor. Ojalá dejemos que el Espíritu Santo sostenga nuestra esperanza e ilumine nuestra fe para que podamos amar como somos amados por el Dios verdadero. ¡¡¡Buen domingo!!!

Pbro. Jose Casimiro T.
Párroqioa de Nstra. Sra del Rosario
Colalao del Valle

lunes, 5 de diciembre de 2016

La conversión hoy

"Se presentó Juan el Bautista, proclamando en el desierto de Judea: Conviértanse, porque el Reino de los Cielos está cerca" (Mt 3, 1-2).

El evangelio nos presenta la figura de Juan Bautista, típica del Adviento como una enérgica llamada a preparar el camino del Señor y de su Reino. Los elementos que encontramos hoy son sobre todo su llamada a la conversión (= a la renovación) por un motivo muy real: hay una posibilidad de más vida, más justicia, más amor (es lo que significa «está cerca el Reino de Dios»). Es necesario preparar el camino del Señor (anhelar su venida, creer en ella, eliminar obstáculos, trabajar por su Reino). La austeridad de vida de Juan es un testimonio de que es preciso tomárselo en serio (desde la riqueza, desde la comodidad, no se hace nada). Ni es suficiente el simple cumplimiento ritual, exterior (es la severa crítica a «fariseos y saduceos»). Hay que «dar el fruto que pide la conversión».

Me pregunto: ¿La conversión es posible en mi vida? Aquí, allá y más adelante, se nos invita tanto a esto que quizá he caído en una escucha formal y estéril. Quizá la conversión, que es mucho más que una palabra, ha entrado en mi costumbrismo; la conversión ha quedado en el cajón de las cosas obsoletas. Hablar y escuchar hablar de conversión es pensar automáticamente en aquello que ya lo intenté tantas veces que me he convencido que es una utopía o mi amor imposible.

Cuando se habla de conversión se habla de cambio de actitud, de mentalidad, de proyectos, de camino y de vida. El cardenal Newmann tiene una frase que quizá me ayude a salir de este círculo vicioso en el que he caído. Él dice: “Aquí en la tierra vivir es cambiar y ser perfecto es haber cambiado muchas veces”. Cambiar se ha de entender en la óptica de la conversión; un cambio íntimo del corazón del hombre. Vivir es cambiar. En el momento en que este deseo de cambiar desaparece, tú ya no eres un vivo. Una confirmación se nos da en el Apocalipsis cuando el Señor dice: “Parece que estás vivo, pero estás muerto” (3,1) Además “ser perfecto es haber cambiado muchas veces”. Parece que el cardenal Newmann quisiera decir: “El sentido del tiempo es mi conversión”.

Quiero cambiar, necesito cambiar, puedo cambiar. También este tiempo de adviento se mide en función del proyecto que Dios tiene sobre mí. Debo continuamente abrirme a la novedad de Dios, estar disponible a dejarme renovar por Él. ¡¡¡Buen domingo!!!

Pbro. Jose Casimiro T.
Párroqioa de Nstra. Sra del Rosario
Colalao del Valle