lunes, 5 de diciembre de 2016

La conversión hoy

"Se presentó Juan el Bautista, proclamando en el desierto de Judea: Conviértanse, porque el Reino de los Cielos está cerca" (Mt 3, 1-2).

El evangelio nos presenta la figura de Juan Bautista, típica del Adviento como una enérgica llamada a preparar el camino del Señor y de su Reino. Los elementos que encontramos hoy son sobre todo su llamada a la conversión (= a la renovación) por un motivo muy real: hay una posibilidad de más vida, más justicia, más amor (es lo que significa «está cerca el Reino de Dios»). Es necesario preparar el camino del Señor (anhelar su venida, creer en ella, eliminar obstáculos, trabajar por su Reino). La austeridad de vida de Juan es un testimonio de que es preciso tomárselo en serio (desde la riqueza, desde la comodidad, no se hace nada). Ni es suficiente el simple cumplimiento ritual, exterior (es la severa crítica a «fariseos y saduceos»). Hay que «dar el fruto que pide la conversión».

Me pregunto: ¿La conversión es posible en mi vida? Aquí, allá y más adelante, se nos invita tanto a esto que quizá he caído en una escucha formal y estéril. Quizá la conversión, que es mucho más que una palabra, ha entrado en mi costumbrismo; la conversión ha quedado en el cajón de las cosas obsoletas. Hablar y escuchar hablar de conversión es pensar automáticamente en aquello que ya lo intenté tantas veces que me he convencido que es una utopía o mi amor imposible.

Cuando se habla de conversión se habla de cambio de actitud, de mentalidad, de proyectos, de camino y de vida. El cardenal Newmann tiene una frase que quizá me ayude a salir de este círculo vicioso en el que he caído. Él dice: “Aquí en la tierra vivir es cambiar y ser perfecto es haber cambiado muchas veces”. Cambiar se ha de entender en la óptica de la conversión; un cambio íntimo del corazón del hombre. Vivir es cambiar. En el momento en que este deseo de cambiar desaparece, tú ya no eres un vivo. Una confirmación se nos da en el Apocalipsis cuando el Señor dice: “Parece que estás vivo, pero estás muerto” (3,1) Además “ser perfecto es haber cambiado muchas veces”. Parece que el cardenal Newmann quisiera decir: “El sentido del tiempo es mi conversión”.

Quiero cambiar, necesito cambiar, puedo cambiar. También este tiempo de adviento se mide en función del proyecto que Dios tiene sobre mí. Debo continuamente abrirme a la novedad de Dios, estar disponible a dejarme renovar por Él. ¡¡¡Buen domingo!!!


lunes, 14 de noviembre de 2016

Domingo XXXIII durante el año

Lectura del santo evangelio según san Lucas (21,5-19):


En aquel tiempo, como algunos hablaban del templo, de lo bellamente adornado que estaba con piedra de calidad y exvotos, Jesús les dijo:
«Esto que contempláis, llegarán días en que no quedará piedra sobre piedra que no sea destruida».
Ellos le preguntaron:
«Maestro, ¿cuándo va a ser eso?, ¿y cuál será la señal de que todo eso está para suceder?».
Él dijo:
«Mirad que nadie os engañe. Porque muchos vendrán en mi nombre diciendo: “Yo soy”, o bien: “Está llegando el tiempo”; no vayáis tras ellos.
Cuando oigáis noticias de guerras y de revoluciones, no tengáis pánico.
Porque es necesario que eso ocurra primero, pero el fin no será enseguida».
Entonces les decía:
«Se alzará pueblo contra pueblo y reino contra reino, habrá grandes terremotos, y en diversos países, hambres y pestes.
Habrá también fenómenos espantosos y grandes signos en el cielo.
Pero antes de todo eso os echarán mano, os perseguirán, entregándoos a las sinagogas y a las cárceles, y haciéndoos comparecer ante reyes y gobernadores, por causa de mi nombre. Esto os servirá de ocasión para dar testimonio.
Por ello, meteos bien en la cabeza que no tenéis que preparar vuestra defensa, porque yo os daré palabras y sabiduría a las que no podrá hacer frente ni contradecir ningún adversario vuestro.
Y hasta vuestros padres, y parientes, y hermanos, y amigos os entregarán, y matarán a algunos de vosotros, y todos os odiarán a causa de mi nombre.
Pero ni un cabello de vuestra cabeza perecerá; con vuestra perseverancia salvaréis vuestras almas». 

Obispo Monseñor José Demetrio
P. N. Sra. del la Candelaria.
Santa María.

Domingo XXXII durante el año

Lectura del santo evangelio según san Lucas (20,27-38):

En aquel tiempo, se acercaron algunos saduceos, los que dicen que no hay resurrección, y preguntaron a Jesús:
«Maestro, Moisés nos dejó escrito: “Si a uno se le muere su hermano, dejando mujer pero sin hijos, que tome la mujer como esposa y de descendencia a su hermano . Pues bien, había siete hermanos; el primero se casó y murió sin hijos. El segundo y el tercero se casaron con ella, y así los siete, y murieron todos sin dejar hijos. Por último, también murió la mujer. Cuando llegue la resurrección, ¿de cuál de ellos será la mujer? Porque los siete la tuvieron como mujer».
Jesús les dijo:
«En este mundo los hombres se casan y las mujeres toman esposo, pero los que sean juzgados dignos de tomar parte en el mundo futuro y en la resurrección de entre los muertos
no se casarán ni ellas serán dadas en matrimonio. Pues ya no pueden morir, ya que son como ángeles; y son hijos de Dios, porque son hijos de la resurrección.
Y que los muertos resucitan, lo indicó el mismo Moisés en el episodio de la zarza, cuando llama al Señor: “Dios de Abrahán, Dios de Isaac, Dios de Jacob”. No es Dios de muertos, sino de vivos: porque para él todos están vivos».

Padre Juan Antonio Gil Zolorzano 
P. N. Sra. del la Candelaria.
Santa María.

domingo, 30 de octubre de 2016

Domingo XXXI durante el año

Los “zaqueos” de hoy"
Hoy ha llegado la salvación de esta casa; ya que este hombre es también un hijo de Abrahán, porque el Hijo del hombre vino a buscar y a salvar lo que estaba perdido."

En el Evangelio de hoy (Lc 19, 1-10) y que solo se encuentra en Lucas, se nos narra que Zaqueo, quería ver a Jesús, "pero la gente se lo impedía, porque era bajo de estatura". Pero Zaqueo tenía sus impedimentos. Uno era el de la estatura. Otro era el de la gente, que no le dejaba ver. Pero Zaqueo era un hombre decidido, y encontró la manera de superar estos problemas. Zaqueo era bajito y pecador. Zaqueo quería ver a Jesús, pero la gente se lo impedía. Esto también nos pasa a nosotros. Por una razón o por otra, Zaqueo soy yo. Zaqueo subió a un árbol. Es un hombre dispuesto a superar dificultades.

Amigo y amiga, la comunidad te ayuda y a veces te impide ver a Jesús. No te rasgues las vestiduras por los que ves y protagonizas en tu comunidad; en todo caso, cada día, comprométete mas con ella. Donde hay personas siempre habrá humanidades, miserias pero también aquellas experiencias tan edificantes, tan consoladoras y positivas. Busquemos salir a la comunidad, no quedarnos en nuestro nidito; salgamos al encuentro de Jesús que viene a cada uno de nosotros en comunidad.
Hay muchas situaciones en las que nos toca reconocer que por tener prioridades ajenas a la familia, a la verdad y fraternidad nos hemos alejado como Zaqueo y que como en él, la talla de Jesús nos queda grande, la comunidad nos impide ver y encontrarnos con Jesús; por eso mismo, busquemos los medios, no nos quedemos de brazos cruzados esperando que Jesús nos agarre de la oreja o de la patilla y nos vuelva a las prioridades de la familia, de la verdad y fraternidad; de la santidad.

Zaqueo, un hombre rico (no es sólo sinónimo de los que tienen muchos bienes), jefe de publicanos (¿te acuerdas del publicano en el templo?), "petiso", inquieto y aquél que se jugó todo para un encuentro que le cambió la vida. Yo soy Zaqueo, yo quiero ser como Zaqueo, yo quiero terminar como Zaqueo. ¡¡¡Buen domingo!!!
Pbro.  José Casimiro
P. N Sra. del Rosario
Colalao del Valle

domingo, 23 de octubre de 2016

Domingo XXX durante el año



La enfermedad de los ojos del alma

“Dos hombres subieron al templo para orar”: una vez más, Jesús nos habla sobre la oración, aunque en este caso, sobre la relación con Dios en la oración y con el prójimo.

En el Evangelio de hoy (Lc 18, 9-14) Jesús nos propone una parábola ya que “algunos, confiando en sí mismos, se tenían por justos y despreciaban a los demás”. Es una parábola muy conocida quizá por nosotros; pero no por conocida, debe pasar de memoria y de corrido. La parábola nos presenta a dos personas en oración, el fariseo y el publicano. Los fariseos son judíos que cumplen rigurosamente con las prescripciones religiosas y el publicano es el extremo contrario; los publicanos eran judíos que vendían a sus hermanos al Imperio romano y los exprimían con los impuestos. Los publicanos eran considerados pecadores públicos y por ello mismo despreciados. Los dos están haciendo oración pero los dos con efectos muy distintos. La enseñanza de Jesús es: “todo el que se ensalza será humillado y todo el que se humille será ensalzado”.
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En la parábola que contó Jesús nos llama la atención cómo el fariseo se siente tan seguro de sus cualidades y tan seguro de los defectos de los defectos de los demás. Pero ¿qué es lo que pasa? La seguridad del fariseo es totalmente equivocada; entonces una persona puede estar completamente segura de sí misma y totalmente equivocada a la vez. Y ¿por qué esto se puede dar así? Porque el fariseo a escogido ver solamente lo bueno de sí mismo y solamente lo malo de los demás; se ha concentrado en lo que le conviene, en lo que le place, lo que le honra y a dejado de lado lo demás.
Ojalá que nos reconozcamos al fariseo que hay en cada uno de nosotros; muchos de nosotros tenemos la rápida y fácil inclinación a mirar los defectos de los demás, mientras que cuando sufrimos nos consideramos fácilmente víctimas y nos consideramos inocentes. Hay que buscar un remedio a esta enfermedad (es una enfermedad de los ojos del alma). El remedio es lograr contradecir esto de mirar los bueno de uno y lo malo de los demás. Y ¿cómo hago? Para esto está el examen de conciencia que nos lleva esforzarnos por buscar lo que a uno no le gusta de uno mismo; así uno se está abriendo los ojos para ver qué es aquello que está mal en mi vida. Y de otro lado, hay que hacer el esfuerzo cuando alguna persona no me cae bien y ver en qué puede estar acertando esa persona, qué puede estar haciendo bien ese que es mi adversario, qué ha visto él o ella que yo no he visto. Con el examen de conciencia uno tiene menos riesgo de creerse bueno, perfecto y víctima; y también tendremos menos posibilidad de despreciar a los que son tan amados del Señor. Siendo así, podremos agradar de verdad al Señor con nuestra oración y vida.
Buen domingo!!!
Pbro. Josè Casimiro Torres
Parroquia N. Sra. del Rosario
Colalao del Valle

domingo, 16 de octubre de 2016

Jose Gabriel Del Rosario Brochero Por la gracia de Dios Santo

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Domingo 29º durante el año

La oración es diálogo, encuentro y relación de amor

“Orar sin desanimarse”, esta invitación contiene una advertencia. Cuando comenzamos a orar, ya comenzamos a cansarnos y a desanimarnos. En otro pasaje, el Señor nos advierte, que “el espíritu está pronto, pero la carne es débil”. Y es que la oración es un camino que también hemos de recorrer con fe, recordando las maravillas que Dios obra en la vida de los demás y en nuestra vida.
En el Evangelio de hoy (Lc 18, 1-8), Jesús comienza invitando a “orar siempre sin desanimarse” y para esto nos ilustra con la parábola de la viuda y el juez. Nos dice que el juez no temía a Dios ni le importaban los hombres y sobre la viuda nos dice que solicitó por mucho tiempo justicia. Uno se negó por mucho tiempo a impartir justicia y el otro por mucho tiempo solicitó justicia. El juez es inicuo, la viuda importuna. Uno reacciona por el fastidio de la solicitud diaria y el otro recibe la solicitada justicia por su perseverancia e insistencia. Así Jesús enseña que hemos de orar siempre sin desanimarnos para que en un abrir y cerrar de ojos, Él nos conceda la ayuda solicitada. Pero, al final con una pregunta, nos recuerda la importancia de la fe para que nuestra oración sea perseverante y eficaz.
La oración es diálogo: no podemos orar con un monólogo, con una sarta de oraciones y atropellándonos al decirla. Un diálogo tiene en cuenta la dignidad de las dos personas; un diálogo deja lugar al otro para que también se exprese (con su palabra, con mirada, gesto y actitudes).
La oración es encuentro: nos es una conferencia ni disertación, es un encuentro de personas; estamos en nuestras responsabilidades, compromisos, trabajos y otros menesteres, pero hay que acudir al encuentro diario y en más de una ocasión en el día. Él nos espera en el templo, el oratorio y en cualquier otros lugar o espacio que sea propicio.
Por último, la oración es una relación de amor: no dialogamos ni nos encontramos como dos colegas, cómplices, contratistas y extraños. Jesús nos indicó que a nosotros nos llama amigos porque nos ha dado a conocer los misterios de su Padre en el Espíritu Santo. Por eso mismo, nuestra oración tiene que ser una relación de amigos, de entrañables amigos, unidos por el Amor. Pide con la oración de Jesús que el Espíritu Santo te instruya día a día, momento a momento, a orar siempre sin desanimarte.

Buen domingo!!!
 Pbro. José Casimiro
Parroquia Nstra. del Rosario
Colalao del Valle

lunes, 10 de octubre de 2016

Domingo 28º durante el año

DAR LAS GRACIAS Y CON LO QUE LAS MERECE
(Lc 17, 11-19)
¿Cumpliendo cada uno de estas leyes nos consideremos sanos-salvos? Estamos en camino permanente y en la búsqueda constante de la sanación y salvación.
«El Evangelio pone en escena a diez leprosos curados por la fe en Cristo; esta fe obtiene la salud y no la ley, ya que es un extranjero, un separado, un cismático, profundamente despreciado por los fariseos, el que supera a los demás en la aproximación a Cristo. Se falsearía el eje esencial del texto evangélico si se viera en él en primer lugar un reproche de nuestra ingratitud con Dios. Es cierto que muchas veces cometemos esta ingratitud y que uno de nuestros primeros deberes es dar gracias a Dios. Pero ésta no es más que una lección accesoria de nuestro relato. (...) Los leprosos se fían. Durante el camino son curados. Y entonces pasa esto: Los que están sometidos a la Ley, los nueve judíos, se atienen a la aplicación de esta Ley y con ello se consideran libres de deudas. Sólo el décimo "comprendió". En lugar de ir, con los otros, a cumplir con una Ley inútil, "vuelve sobre sus pasos", "glorificando a Dios", "dando gracias a Jesús". En adelante será por Jesús por donde pase la gloria de Dios y toda la Eucaristía (cf. Jn 4. 20-26). Y es un samaritano el único que ha comprendido esto» (PUYO/REY-MERMET).
Vos y yo tenemos los diez mandamientos de la ley de Dios, los 5 mandamientos de la Iglesia y muchos cánones donde están nuestras obligaciones y nuestros derechos; la pregunta es: ¿cumpliendo cada uno de estas leyes nos consideremos sanos-salvos? El Evangelio del hoy nos hace ver la sanación y la salvación de un modo distinto. Interioricemos más la situación de los leprosos y cambiemos nuestras ideas del cumplimiento, del deber y de lo mandado.
Encontrarse con Dios es el gran reto del hombre sobre la tierra. Quiera o no reconocerlo, así es. Encontrarse con Dios es, sobre todo, el gran reto para un cristiano que, por el hecho de serlo, no quiere decir que lo haya ya encontrado, ni mucho menos. Podemos vivir toda una vida  llamándonos cristianos y no haber descubierto de verdad a Dios, ni siquiera haberlo barruntado.

Ojalá que con la perseverancia y confianza en Dios, Padre Misericordioso, Cristo Salvador y el Espíritu Santificador, cada uno de nosotros reciba aquello que implora. María, Madre del Salvador, ruega por nosotros. Amén.
Pro. Josè Casimiro
Parroquia Ntra. Sra. del Rosario
Colalao del Valle

miércoles, 5 de octubre de 2016

EL PERDÓN, LA FE Y LA SERVICIALIDAD





Resultado de imagen para perdonarJesús nos invita a donar el perdón, ya que gratuitamente hemos sido perdonados, entonces también gratuitamente debemos perdonar. Antes nos pide llamar la atención a quien se equivoca o se porta mal. Lo primero requiere de fortaleza, valor pero sobre todo caridad; es lo que llamamos “corrección fraterna”. Lo segundo es aparentemente más fácil porque sólo hemos de perdonar; pero no es tan así. Hay muchas personas que hoy por hoy no pueden perdonar. Pero sucede también que nosotros mismos podemos estar equivocados o portarnos mal; entonces es a nosotros a quien nos deben practicar la corrección fraterna; el tema es si la recibimos bien y si pedimos perdón. Como siempre, sale al encuentro de nuestra fragilidad Dios con su ayuda. Por la fe podemos superar las limitaciones que descubrimos en cada uno; por la fe caminamos por oscuras quebradas; por la fe animamos a otros a seguir su marcha; por la fe -alguien dijo- somos invencibles. Es así que todos los días hemos de suplicar al Señor que nos aumente la fe. Seguramente que donando y recibiendo el perdón, pero desde nuestra fe, seremos hombres y mujeres serviciales, que hacemos lo que hacemos no para que nos recompensen o para que nos dediquen una calle, inmueble, etc. Todos lo hemos de hacer para gloria de Dios, bien de nuestras almas y salvación de nuestros hermanos. Nada más. San Ignacio de Loyola enseñaba y practicaba que todo debía ser hecho “para mayor gloria de Dios” y a la pregunta de para qué hemos sido creados por Dios, nos decía: “El hombre ha sido creado para alabar, hacer reverencia y servir a Dios Nuestro Señor, y mediante esto, salvar su alma”. Que el perdón (donado y recibido), la fe (como virtud o fuerza sobrenatural) y la servicialidad (actitud perseverante) nos hagan ser verdaderamente felices y auténticos.

Pbro. José Casimiro Torres
 Colalao del Valle